Introducción a la cultura Menonita

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Viven unos 3.000 de ellos repartidos en un predio de 10.000 hectáreas en Estancia Remecó, en la jurisdicción rural de Guatraché. Cada familia tiene lotes de distintas proporciones según su capacidad adquisitiva y provienen en su gran mayoría (sino todos) de otras colonias en México y Bolivia; existen numerosas de éstas a lo largo y ancho de América Latina.
Unas pocas familias de la colonia son acaudaladas, dedicándose varios de ellos a la confección de silos, a la producción de distintas piezas de maquinaria y de otros productos de zinguería. Simultáneamente, en su mayoría se dedican a la venta de lácteos, principalmente leche y quesos de su producción, esto último es uno de los principales ingresos de las familias menos adineradas. Gran parte de esos lácteos se venden para consumo interno y son llevados de casa en casa a través de unos vehículos de los que hablaré en breve. Para los argentinos especialmente, es inevitable remitirse al lechero del que tanto nos han contado nuestros padres y abuelos, que iba casa por casa repartiendo la leche recién ordeñada.

 

Sus creencias

El término “menonita” deriva de un sacerdote católico que se llamaba Menno Simons, a quien las congregaciones que denominamos de esta manera siguen y además adhieren al movimiento que de él surgió. Estos grupos comparten gran parte de sus creencias con el cristianismo, como es el caso de la Santísima Trinidad, aunque son anabaptistas, pues no creen en el bautismo infantil, considerándolo un acto de fe, que no puede manifestar un bebé.
Conforman un movimiento pacifista y por esta postura de no-violencia es que los menonitas sufrieron numerosas persecuciones, oponiéndose a participar en guerras, siendo habitantes de países en conflicto y debiendo reubicarse en distintos lugares del mundo, especialmente en épocas bélicas.
No admiten el uso de métodos anticonceptivos, ya sean estos naturales o inventados por el hombre, por lo que las familias que no están tan bien económicamente tienen un mayor desafío para alcanzar la subsistencia. Sin embargo, no hemos visto mayores carencias, sólo podía notarse en el estado de conservación de su vestimenta – similares en todos los casos – quiénes eran los que “cortan el bacalao” en la colonia.

Su dialecto

Mi desconocimiento me llevó a pensar que iba a poder comunicarme con ellos con mi dominio del alemán, pero al llegar – en el camino en realidad – nos enteramos de que los menonitas pampeanos descienden de algunos rincones de Holanda y Alemania y hablan un dialecto que es un poco una mezcla entre holandés y alemán, por lo que es prácticamente inentendible. Sí pude comprender algunos carteles y avisos que vi en la colonia que estaban en alemán, así como también pude entender las etiquetas de distintos productos importados de dicho país que se encontraban en uno de los mercados de la colonia.
De cualquier manera, grande fue nuestra sorpresa cuando pudimos comunicarnos en español con ellos, pues al tratar con frecuencia con distintas personas de la zona, especialmente por motivos comerciales, terminaron aprendiendo por necesidad el idioma de la tierra que los ha recibido.
El aislamiento
Los menonitas no se permiten “mezclarse” con las personas que no comparten sus creencias y este factor los llevó a aislarse del resto de la sociedad. Así es que se encuentran a unos 30 kms. del pueblo más cercano y a 225 kms. de Santa Rosa, la capital de la provincia de La Pampa.
Por lo que nos comentaban, uno de los principales inconvenientes de no poder establecer contacto con personas de fuera de la colonia es que a lo largo de los años, se terminan estableciendo vínculos en donde se comparte mucho genéticamente, acarreando esto problemas tales como malformaciones en distintos nacimientos en la colonia, estando bastante a salvo de otros motivos por los que estas patologías podrían producirse en tal escala como en el caso de distintas formas de contaminación.
Lo anterior los habría llevado a realizar intercambios de familias con las colonias menonitas instaladas en Santiago del Estero, no muy lejos de Estancia Remecó.

Transporte

Sus creencias no les permiten manejar vehículos cuyo desplazamiento sea más rápido que el de un caballo. Sin embargo, pueden usar todo tipo de vehículos siempre que no sean ellos los encargados de manejarlos, como es el caso de los aviones que muchos utilizaron para venir a Argentina desde México, los colectivos que usaron para venir desde Bolivia o que utilizan para visitar a su familia allí o los remisses con los que se trasladan hacia y desde los pueblos y ciudades donde hacen algunos trámites, visitan al médico o hacen algunas compras más específicas, por citar algunos ejemplos.
Para el desplazamiento interno utilizan unos carros tirados por caballos que son denominados “boogies” y que les permiten transportarse dentro de la colonia, para su aprovisionamiento, visitas a familiares y amigos y para ir a misa – a la que se asiste religiosamente todos los domingos -, entre otras cosas. Otro uso de estos vehículos son las visitas de los novios de los días jueves (único momento avalado para ésto), las cuales deben realizar en presencia de sus familias.

 

Comunicación

Tienen restringida la comunicación con el “mundo exterior” a través de teléfonos móviles o fijos así como tampoco pueden acceder a la radio, internet – esto excluye claramente la opción del correo electrónico – o televisión; además, sólo pueden acceder a un único periódico, que es el que sus pastores y ministros admiten como apropiado para su lectura. Sin embargo, nos comentaban sus proveedores (externos no menonitas que trabajan para la colonia) que han visto a varios de ellos utilizando celulares fuera de la colonia, a escondidas de quienes velan por el cumplimiento de esas prohibiciones.

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